“No tenemos ni para un chinchorro”: el grito de un pescador de Cospita
Juan Ramón Quintero, con cinco décadas en el mar, revela la crisis que golpea a las familias pesqueras.
Cospita, Culiacán, Sinaloa, a 6 de junio de 2026. – A sus 66 años de edad y con más de medio siglo dedicado a la pesca, Juan Ramón Quintero, conocido entre sus compañeros como “El Capiro”, asegura que nunca había enfrentado una situación tan complicada como la actual. Con redes desgastadas, motores averiados y dificultades para comercializar el producto del mar, el pescador del campo pesquero Cospita sostiene que hoy el principal reto ya no es salir a trabajar, sino lograr mantener a la familia.
“Tenemos más de 15 días que nos vamos a trabajar y no hemos visto la negra”, relata. “No tenemos ni para comprar un chinchorro, una atarraya o una piola. Apenas alcanza para comer”. Sus palabras reflejan la realidad de decenas de hombres del mar que dependen de una actividad cada vez más costosa y menos rentable. Aunque el pescado sigue saliendo, asegura que muchas veces deben venderlo a precios muy bajos porque no existe capacidad para negociar mejores condiciones de comercialización.
Hijo de uno de los fundadores de la cooperativa pesquera de Cospita, Juan Ramón comenzó a pescar a los 13 años. Fue síndico municipal de Baila entre 2014 y 2017, pero nunca abandonó el oficio que le dio identidad. Tiene cuatro hijos; dos siguieron sus pasos en la pesca, mientras que su hija mayor logró concluir una carrera universitaria y actualmente trabaja como psicóloga en el Ayuntamiento de Culiacán. “Nos hubiera gustado que todos estudiaran, pero la situación estaba muy difícil y no se pudo”, reconoce.
La precariedad también se refleja en las herramientas de trabajo. Las pangas muestran el desgaste de los años y gran parte de los motores requieren reparaciones cuyo costo oscila entre los 20 mil y 30 mil pesos. “Necesitamos motores y pangas. Ya tenemos mucho tiempo sin poder renovar equipo”, expresa. Aun así, agradece los apoyos gubernamentales dirigidos al sector, como el programa de gasolina ribereña, aunque considera que resultan insuficientes frente a las necesidades de las cooperativas.
Pese a las dificultades, Juan Ramón no pierde la esperanza. Confía en que lleguen nuevos apoyos para la cooperativa, incluida una techumbre solicitada desde hace años, y que el próximo torneo de pesca sirva para visibilizar la realidad de Cospita. “Queremos que nos sigan tomando en cuenta. Aquí hay gente trabajadora que vive del mar y quiere salir adelante”, afirma.
Con la mirada puesta en la bahía que lo ha acompañado toda su vida, “El Capiro” resume la esencia del pescador sinaloense: resistencia, arraigo y dignidad. Porque después de 50 años enfrentando mareas, vedas y temporadas difíciles, sigue saliendo cada mañana con la esperanza de que el mar vuelva a dar lo suficiente para sostener a quienes dependen de él.