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ES TRADICIÓN EN XOCHIMILCO ELABORAR CRÁNEOS CON CHILACAYOTES

Los pequeños productores, además de ofertarla se ofrecen a diseñar las calaveritas

CDMX. – La luz amarillenta que emana de los cráneos elaborados con chilacayote alumbran las plazuelas y calles de Xochimilco, donde los niños acompañados de sus padres piden “su calaverita” en Día de Muertos, la cual, es una tradición que está muy lejos de desaparecer, dice la productora Azucena Pérez Soriano, originaria del barrio de la Asunción.

Asegura que pese a la mercadotecnia global que invade nuestro país, como el halloween, “los usos y costumbres en la región están muy arraigadas. Ejemplo de ello, en estos días, los pequeños productores venden sus chilacayotes de diferentes tamaños, y el ingenio de los xochimilcas sale a relucir, al crear sus cráneos”.

Azucena Pérez, recuerda que su abuelita le platicaba que de niña no había luz, por lo que para pedir calaverita, tenían que alumbrarse con “un quinqué” hecho con un chilacayote.

De este fruto redondo, con una hoz o cuchillo trazan los ojos, nariz y boca, simulando un cráneo humano; posteriormente, se extrae la pulpa y semillas; se colocan una vela de parafina en el interior; y por último se hacen dos pequeños orificios donde colocan un cordón o alambre para sostenerlo, explica.

Agrega que semanas antes de Día de Muertos, es común ver a pequeños productores que con carretillas ofrecen frente al Mercado 377 chilacayotes de diversos tamaños. “Los pequeños o medianos son para los niños de tres años y los grandes para adolescentes o jóvenes. Los precios varían, van de los 10, 15, 20, 25, 30 a 40 pesos”.

La agricultora y comerciante Azucena Pérez Soriano, afirma que toda su familia se dedica a vender hortalizas de temporada. “Por las mañanas vamos a la chinampa por calabazas, espinaca, chilacayotes, romero y chilacayote. Más tarde, los clientes las saborean en sus mesas”.

Asimismo, explica que algunas personas se acercan a los vendedores que se ubican en la calle 16 de Septiembre, en el estacionamiento del Mercado 377, para pedirles los ayuden a elaborar su calaverita. “Es decir, además de venderle su chilacayote, le diseñamos sus cráneos”, concluye.

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